La Muerte de Felucho.-
Arq. Raúl Hernandez González
Pájaro pavoso, el “chaure”.Cada vez que pasa volando y grazna, anuncia desgracias--, dijo mi abuela Lencha, mientras dirigía su mirada hacia donde creía se ocultaba el animal de mal agüero. Ese bicho, con su canto, descubre todo lo que está oculto en el pueblo, desde mujeres preñadas hasta los secretos que guardan las personas, en lo más profundo del alma – continuó hablando la abuela, sentada en su taburete favorito mientras abanicaba el fogon con una palma de dátil para avivar las brasas y hacer las primeras arepas del día.
El pajarraco pasó de nuevo y su métalico chillído, me erizó los pelos de la nuca.
--En Los llanos está el alcaraván, en Guayana y Tierra Firme Oriental, está el agüaitacaminos y aquí en la isla, el chaure-- continuó explicando mi abuela, mientras que con una mirada escrutadora revisaba, entre los velos de la claridad mañanera , el horizonte marino, buscando alguna señal del mal presagio del pajarraco.
Se ahogó “Felucho”, fué la noticia que se corrió desde la playa y llegó hasta nuestro rancho con los primeros rayos del sol casi pisandole los talones al segundo canto del chaure.
Félix Caraballo, “ Felucho” como lo llamaban todos en el pueblo, era un “guaiquerí salao”, así le gustaba definirse, por ser hombre de mar, desde que tenía uso de razón, era un excelente nadador y buzo de perlas. Su amplia espalda daba fé de sus desarrollados pulmones. Sus fuertes brazos y potentes piernas le permitian sostener sobre sus hombros, el juera e` borda y cualquier otra pesada carga.
Las mujeres se le insinuaban a tan esculpido y bronceado cuerpo y al siempre risueño rostro.
Pero el buen corazón de “Felucho” era lo que mejor hablaba de él, y eso lo supe desde siempre, por que para él, ser “buena gente” era lo correcto y cristiano. Nunca tuvo un gesto desagradable con nadie y siempre estaba dispuesto a ayudar a quien lo necesitara.
Desde la partida de mi padre al Zulia, en busca de futuro, como trabajador petrolero, de quien no hemos recibido noticias hasta el sol de hoy y desde que mi abuelo se enfermó y no salió más a pescar, Felucho se hizo cargo de dos bocas tan hambrientas como inutiles para buscar su propia comida. Nadie se lo pidió pero lo agradecíamos en silencio.
Mi abuela nunca me explicó el porqué de la solidaridad de Felucho con nosotros pero lo cierto fué que nunca faltaron los corocoros o algunos ñereñeres en la brasa para mitigar nuestros reclamos triposos.
Algunas veces cuando la campaña de pesca en La Tortuga le favorecía, dejaba olvidados sobre la mesa algunos billetes de diez bolívares que mi abuela, ahora que lo pienso bien, por puro formulismo de mujer decente y seria, me mandaba a llevárselos.
Felix , siempre tenia la misma respuesta: --Si la virgen hizo que los olvidara allá, es porque tendrán mejor uso y así no se irán tras una botella de aguardiente.
Tu abuela que me los guarde y si necesita algo de dinero que lo tome prestado y eso sí, que lleve anotada la cuenta--,al mismo tiempo que soltaba una carcajada y me palmeaba con suavidad y cariño por la espalda.
La abuela se asomó por la pequeña ventana de la cocina para ver hacia la orilla de la playa y llorar por los tres, con la mirada fija en el solitario bote de mi difunto abuelo Matías, el cual esperaba surcar los mares cuando su joven patrón estuviera “preparao” para navegar
Yo, como heredero y novato capitán del “Dios y Hombre”,como se llamaba el bote del abuelo, tomaba clases teóricas con la abuela y completaba mi formación práctica, acompañando a “Felucho”, como “guatanero de a bordo”, para adquirir destreza en el arte de pescar y los conocimientos de navegación, para marcar el rumbo y los lugares de pesca, teniendo sólo como referencias la punta del cerro “Cimarron”, el bajo de la “Piedraogá” y la distante costa sucrense.
La noticia de la muerte de Felucho fué un golpe duro para mí, estuve alelado y absorto por varias horas. La abuela quedó hablando sola por largo rato y solo cuando volví a la realidad, pude escuchar la ultima frase de un dialogo imaginario que sostenía con las topias del fogón._Ya el Chaure lo habia anunciado, el bicho lo cantó esta madrugá, dijo para si misma.
Los detalles del suceso fueron escasos , casi como queriendo salir lo más rápido posible del desagradable trámite,sus compañeros de esa campaña de pesca : Pedro “Machete” y Francisco “Chico Colorao”, lo resumieron en pocas palabras.
_Regresábanos de Cumaná, donde vendímos el “pescao salao”, y vadeando el Bajo de Araya,mar ajuera sentimos un golpe en la quilla del bote. Creemos que jué un ballenato, salimos despedíos de los puestos y nos gorpiamos con los travesaños, pero caímos dentro del bote. No jué así con “Felucho”, quien se gorpió y cayó al agua, explicó Chico Colorao.
Cuando nos recuperamos y vimos que no estaba, lo buscamos y lo sacamos del agua, pero ya se habia ahogado, a lo mejor, cuando se gorpió, perdió el juicio y se nos ahogó el hombre.
Ahogado, fué una muerte que no esperé nunca para Félix. El entierro fué el otro dia en la tarde, envuelto en el mismo saco en que lo trajeron y metido en una caja de madera delgada que hacía las veces de urna. En el entierro. un par de lagimas , las mias. La abuela ya no lloraba por las ausencias prolongadas de los que se van para siempre, se limitaba a decir-- Dios te acompañe en esta travesía. El es el mejor capitán pa` esa ruta.
Félix, era como mi hermano mayor, cuando íbamos a las fiestas de la Virgen del Valle y conociamos algunas muchachas que aceptaban bailar con nosotros , asi me lo ratificaba – Este es Toñito, mi hermano menor--, y me guiñaba un ojo para que yo aprobara ,con un afirmativo movimiento de cabeza.
Septiembre , el mes de la Virgen del Valle. El mes de la peregrinacion a la Ermita de la Virgen. El mes de las fiestas de Margarita. Para mi el més de los recuerdos: el abuelo Matias, la abuela “Lencha”, mi papá Rosendo, de quien solo recordaba el nombre se fueron en pasados septiembres y ahora también “Felucho”, a quien no olvido y cada vez que lo recuerdo, me pregunto:
_¿ Ahogao?.
“..que veinte años no es nada “ dice la canción, pero con una duda en el alma es un siglo.
El viaje de regreso desde El Valle del Espiritu Santo, siempre es más largo que el viaje de ida. Ir a la Misa de la Virgen, en la mañana, supone madrugar y salir del pueblo, al canto de los gallos. Comer en los ventorrillos ubicados en la Plaza Mariño, para tener algo en el estomago. Bailar hasta la última pieza musical en las casetas ubicadas en la Calle La Gloria y beber aguardiente todo el dia para alegrarse la vida , es un precio que el cuerpo paga , en forma de arrastrados y vacilantes pasos, cansados pensamientos, agotador dialogo con uno mismo donde buscamos y tratamos de explicarnos la razones más profunda de sucesos cotidianos pero donde también recibimos las sencillas respuestas de la realidad, a nuestros temores. Todo esto nos sucede en el camino cuando volvemos a casa.
La noche clara, brillante y coronada con un circulo plateado de luz blanca e intensa, que emana de la inmensa y selenita luciérnaga que guia al caminante en viajes nocturnos y que descubre el misterio de secretos guardados en la obscuridad.
Las voces, que se escuchaban distantes eran conocidas. Sentado en la piedra donde descansaba y reponía las fuerzas de mi agotado cuerpo, las escuchaba cada vez más cercanas. Me adentré en el monte para verlos pasar. No quería que me vieran y tener que realizar mi travesía acompañandolos como manda la cortesía, tal como se acostumbra por aquí, cuando se encuentran caminantes del mismo pueblo.
El graznido del chaure en esos caminos tan solitarios, sorprendió a los viajantes.-- Compay “Chico”, escuchó al pajaro. Ese bicho me asusta. La noche cuando matamos a Félix, estaba clarita como hoy. Cada vez que hay luna llena ese recuerdo me atormenta. Dicen que el “chaure” descubre todo y a mi me da mucho miedo que nos descubran -- el tono de voz se quebró en la ultima palabra. --Carajo, compay Pedro, usté está muy viejo pa' creé en esas vainas, eso jué hace mas de veinte años y naiden nos ha hechao la curpa de la muerte del “Felucho”. Además fué a usté a quien le bregó la mujé.
FIN